Mérida, Yucatán.- El Gobierno del Estado exenta durante septiembre el pago de derechos por testamentos, una medida que busca facilitar que más familias yucatecas ordenen su patrimonio. Pero detrás de ese trámite administrativo hay una realidad que rara vez se menciona en los boletines oficiales: en Yucatán, no dejar testamento —o dejarlo bajo reglas heredadas de un sistema pensado para favorecer a los hombres— tiene consecuencias distintas para mujeres y hombres.
Menos mujeres con tierra a su nombre
De acuerdo con el Registro Agrario Nacional (RAN), Yucatán se ubica por debajo de la media nacional en mujeres con derechos ejidales reconocidos. La propia titular del RAN en el estado ha señalado que la gran mayoría de las mujeres que sí tienen tierra ejidal a su nombre la obtuvieron por ser viudas o por herencia de sus padres, no porque el sistema las haya reconocido como sujetas agrarias desde el inicio. “Todavía existe en la mentalidad del colectivo decir ‘es que es para los hombres'”, ha reconocido la funcionaria.
Investigaciones sobre comunidades mayas de la península documentan un patrón similar: la distribución de la tierra ha privilegiado históricamente a hijos varones sobre hijas y esposas, una práctica que distintas autoras describen como parte de un sistema patriarcal de herencia que se sostiene tanto en la costumbre comunitaria como en la falta de documentos legales que protejan a las mujeres.
La viudez, un punto de quiebre económico
El problema no es exclusivo de las comunidades rurales ni del ámbito agrario. A escala global, Naciones Unidas calcula que existen más de 258 millones de viudas, y que casi una de cada diez vive en pobreza extrema. En numerosos contextos, la viudez se traduce en despojo patrimonial: la pérdida de la vivienda, la tierra o los bienes familiares, muchas veces a manos de los propios hijos, cuñados u otros familiares, que aprovechan la falta de un documento legal claro para presionar a la viuda a ceder sus derechos.
Cuando no existe un testamento, la sucesión de bienes se rige por las reglas de la herencia legítima o intestada, un proceso más largo, más costoso y más vulnerable a conflictos entre herederos que cuando la voluntad de la persona quedó establecida por escrito. En ese vacío legal es donde suelen concentrarse los casos de mujeres —esposas, hijas o nueras— que terminan sin acceso a una vivienda o una parcela que ayudaron a sostener durante años, aunque nunca haya estado legalmente a su nombre.
Lo que cambia con un testamento

Contar con un testamento no elimina por sí solo las desigualdades de fondo, pero sí le da a cada persona —y en particular a las mujeres, que estadísticamente tienen menos probabilidad de figurar como titulares de bienes— una herramienta concreta para decidir qué pasará con su patrimonio, en lugar de dejarlo sujeto a la costumbre familiar o a la interpretación de terceros tras su fallecimiento.
La campaña “Septiembre, Mes del Testamento” del Gobierno de Yucatán, que exenta el costo del trámite y ofrece tarifas preferenciales para distintos grupos, es una oportunidad concreta para que más mujeres en el estado —urbanas y rurales— pongan por escrito su voluntad sobre bienes que, de otro modo, podrían quedar fuera de su control incluso después de haberlos trabajado o heredado.



